En el silencio, en la intimidad estás tú amado mío,
en la luz resplandeciente,
en la luz maravillosa del amor, amado Jesús.
En la mirada ensoñadora, en la palabra encontrada.
En las puertas doradas.
En las flores, en el rocío, regado en toda la magnitud y la grandeza de los que te alaban.
En el silencio te busco, en silencio te encuentro.
Ahora, estas an mí, como un precioso regalo dado por el Padre.
Un regalo maravilloso que hay que cuidar, como lo más hermoso.
Como lo más precioso, y guardar tu palabra.
Para no pecar contra tí.
Eres la ofrenda hermosa, eres lo más preciado que he encontrado.
Eres digno, Señor, de toda adoración.
Alabanza y amor para tí.
Gracias por encaminar mis pasos.
Gracias por encaminarme en tu verdad.
Adorado Señor, adorado Salvador.
En el silencio te busco, en silencio te encuentro.
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